




Si no conoces Vilcabamba, anda. Y si ya conoces, seguro vuelves. Excepto en carnaval.
Una locura. Pensé que no me iban a mojar, que inexplicablemente iban a darse cuenta de que soy de Quito donde ya no se juega con agua y que me iban a respetar. A la final ya soy ‘grande’. Pero me mojaron a diestra y siniestra. Adultos, niños, mujeres y jóvenes… fui el target de unos cuantos bombazos, lavacarazos, manguerazos y esos tipo chisguetes descomunales que con una descarga te dejan estilando. Al principio gritaba malas palabras, luego me hacía el quite y al final me reí con resignación pensando que ojalá sea agua limpia.
Lo mejor hubiera sido que nos mojen durante el recorrido pero claro, ese rato dormían los carnavaleros...
Continúa…
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